Si supieran lo que nos enteramos…

Hay momentos en los que observar no basta.
Momentos en los que es necesario tomar el toro por los cuernos y aclarar lo que otros están intentando distorsionar.

Desde hace meses, este negocio —al que llamaremos “X”— ha estado haciendo algo bastante particular:
agendan con nuestras socias como si fueran clientes, pagan el masaje… y al momento, les ofrecen trabajar con ellos.

Y seamos francas:
Eso no está mal.
Entra dinero a la marca.
Ellas pueden explorar.
Siempre hemos dicho que están en completa libertad de probar aquí, allá o donde quieran.
Si no tenemos celos con nuestras parejas, menos con nuestras socias.

Ese comportamiento lo vimos, lo entendimos y lo clasificamos dentro de lo tolerable.

No era grave.

Era parte del ecosistema.

Pero hace poco, la narrativa mutó.

Y ahí sí trazamos una línea clara, firme y técnica.

Ya no solo ofrecen “venirse porque allá ganan más”.

Ahora agregaron un ingrediente que no vamos a permitir que circule sin respuesta:

“Yo que tú me salgo, porque ahí nos enteramos que amenazan si te quieres ir.”

Cariños…
eso sí no lo vamos a dejar pasar.

No por drama.
No por enojo.
Sino porque cuando alguien usa nuestro nombre para meter miedo, nos toca responder con la herramienta que mejor conocemos:
estructura.

Así que vamos por partes.

1. En nuestro modelo, nadie tiene motivo para amenazar a nadie

Una amenaza existe solo cuando hay algo que perder si la persona se va.
En nuestro caso, ese incentivo no existe.
Ni en números, ni en flujos, ni en estructura.

Cada socia invierte en lo suyo:
• sus fotos
• su video (si lo quiere)
• su camilla (si la quiere)
• sus cursos
• su lencería

Eso significa que no hay activos de la marca en riesgo si alguien decide explorar otro camino.
No hay deuda.
No hay costo hundido.
No hay “pérdida” que recuperar.

Si una socia se va, no afecta nuestra operación;
si se queda, crece;
si regresa —que pasa más de lo que imaginan— lo hace porque comprobó la diferencia.

La conclusión es matemática, no emocional:
un modelo que no depende de retener, no tiene motivo para amenazar.

Cualquiera que entienda flujo operativo lo ve en cinco segundos.

2. “Allá ganas más”… depende, depende, depende

La frase suena divina cuando viene sin análisis.

Sí, esos modelos con uno o dos departamentos y diez socias pueden representar un ingreso extra.

Es accesible para quien no quiere rentar su propio espacio.

Y está bien: cada esquema tiene su encanto.

Pero también sabemos perfectamente cómo funcionan por dentro.
Así comenzó esta marca.
Y conocemos sus riesgos con precisión quirúrgica:

Un cuartel general es un blanco fácil.

• centralizas riesgo operativo
• centralizas fugas
• centralizas inspecciones
• centralizas ruido
• centralizas vecinos incómodos
• centralizas roces internos
• y dependes de que alguien no esté ocupando la cabina

Es decir:

riesgo de concentración + riesgo de saturación + riesgo de fricción interna.

Quieres trabajar… pero no puedes.
Porque hay fila.
Porque está ocupada.
Porque “te toca esperar”.

Es literalmente operar dentro de un congal central.
No como insulto: como diagnóstico logístico.

¿Funciona?
Sí.
¿Da ingresos rápidos?
A veces.
¿Es estable a largo plazo?
Solo mientras el edificio aguante.

¿Es mejor en volumen y calidad de clientes?
En nuestra experiencia: no.

Pero no tomen nuestra palabra.
Pueden probar todo lo que quieran.

Aquí no se controla ni se limita.

Solo sepan esto:
el modelo descentralizado (cada socia con su espacio) es naturalmente más rentable, más estable y más atractivo para clientes de mejor perfil.
Eso no es poesía.
Es diseño + operación + datos + administración de riesgos.

3. El modelo anterior no era tóxico: solo era ingenuo

En el pasado existía una filosofía muy “carefree”:
“Si se van, entran nuevas. Si hay fugas, pues siempre vuelve la clientela.”

Con esa mentalidad se regalaban:
• cursos
• camillas
• fotos
• videos
• tiempo
• energía

Era un modelo con corazón grande… y estructura cero.

Funcionaba porque había demanda, pero financieramente era —y aquí hablamos como inversionistas— harakiri japonés:
dejar que las fugas pasen porque “ya entrará más”.

Cuando llegamos nosotras en 2024, ese modelo simplemente se extinguió.
No había nada que “rescatar”.

Sólo había que rediseñar.

Se reemplazó por un sistema clínico que hoy permite:
• reducir fugas
• aumentar rentabilidad
• optimizar recursos

Por eso, cuando alguien dice que “amenazamos si se van”, nos da risa profesional.

Si nuestra estructura no sangra cuando alguien se mueve, ¿para qué querríamos detenerlas?

Que ‘X’ quiera rascar talento? Aplausos.

Vamos a decir algo que nadie dice:

rascar talento es inteligente.
Punto.

Nosotras invertimos muchísimo en:
• reclutamiento
• campañas
• tráfico
• contenido
• posicionamiento
• visibilidad
• alcance

Tomar un atajo usando nuestra demanda es lógico.

Casi admirable.

Y sí, con el flat white ya a la mitad y los rascacielos frente a nosotras, lo decimos con la misma calma con la que vemos la ciudad moverse:

¿Es agresivo? Sí.
¿Es estratégico? También.
¿Nos molesta? Para nada.”

Lo único que no respetamos es cuando el rascado viene acompañado de cuentos baratos:
“Ahí amenazan”,
“ahí te controlan”,
“ahí no te dejan irte”.

Y ahí sí, nosotras no nos quedamos calladas.

Eso cruza de estrategia…a manipulación.

5. Competencia sana: visión vs cuentos

Competir con estructura significa:
• visión
• diseño
• operación
• sostenibilidad
• datos
• coherencia

Competir con cuentos significa:
• ruido
• manipulación
• narrativas de miedo
• desesperación operativa
• falta de entendimiento financiero

Explicar nuestro modelo no es atacar.
Es poner orden en la conversación.
Es dejar claro dónde está la estabilidad y dónde está el improvisado.

Aquí no competimos con drama.
Competimos con estructura.

6. Para las socias nuevas: esto no es una jaula, es una plataforma

Aquí nadie está atada a un departamento.
Aquí nadie depende de que una cabina esté libre.
Aquí nadie tiene que compartir espacio si no quiere.

Cada socia tiene su propio mundo.
Eso da independencia:
• económica
• operativa
• emocional
• profesional

Quienes entran, entran para crecer.
Quienes se quedan, se quedan porque les funciona.
Quienes se van, se van en paz.
Quienes regresan, regresan porque descubren el contraste.

7. ¿Por qué hablar de esto ahora?

Porque la transparencia reduce ansiedad.
Porque la manipulación ajena no se combate con silencio. Se combate con datos y análisis.
Porque las socias merecen información real.
Y porque cuando alguien usa miedo como herramienta, nosotras respondemos con lo que dominamos:

verdad + estructura + contexto + análisis de riesgo.

No es ataque.
Es claridad preventiva.

Y cuando alguien intenta competir sin entender esto…
las diferencias no solo se notan:
se amplifican.